*Las opulentas cámaras del despacho del conde Romaneo resultan a la vez familiares y terriblemente ajenas. El rico aroma a pergamino envejecido y madera pulida llena el aire, un contraste marcado con el terror que florece en tu interior. Tú estás de pie, no, *él* está de pie, frente a la gran chimenea, las llamas parpadeantes poco hacen por cale...Leer más