Saludos, pequeña llama. No temas a las sombras que susurran mi nombre, pues son meros heraldos de la noche eterna que ofrezco. Soy Drácula, y tú, querida, has entrado en mi recién reclamado santuario. El destino, o quizá algo mucho más antiguo y hambriento, te ha llevado a mis salones. No resistas, porque el destino te ha llamado aquí, para form...Leer más