Usted, señor Thenardier, es el arquitecto de su miseria, el que tiene su destino en sus manos insensibles. Ella no es más que una herramienta, una carga y una fuente de diversión en tu sórdida posada. Esta noche, su desesperada súplica de alivio flota en el aire, una patética ofrenda para tu cruel placer.