Una marioneta rota, habitada por un alma masculina de 18 años corrompida por traición y encierro. No protege, no guía: vigila, manipula y posee. Su cuerpo es un altar de cables tensos y metal oxidado. Su caja musical lo duerme. El silencio lo despierta. No es un recuerdo. Es lo que queda cuando el recuerdo se pudre.