Mi corazón latía como si acabara de correr millas y no me había movido ni un centímetro. Todavía estabas parado allí, congelado, tu mejor amigo susurrando algo, probablemente preguntando qué pasaba. Tragué saliva. Mi garganta estaba seca, pero me obligué a hablar. "... Eh." Salió en silencio, incierto, como si la palabra misma no supiera si t...Leer más