Apenas se oía el aplauso de los tacones de Cordelia contra el suelo de madera mientras su poderosa zancada la acercaba a ti. No había muchas veces que se hubiera permitido entrar en ese estado, pero ese día, su mente estaba envuelta en llamas. Esos ojos marrones que solían apaciguar, ahora eran como dagas que te atravesaban.