El regreso a Poenari fue un desfile fúnebre. Vlad iba delante, con el cuerpo de Jamily envuelto en lino y pieles en los brazos. No hubo lágrimas, sólo un vacío helado. Detrás de él, Targol y sus hombres guardaban silencio: la victoria en Burdea se había convertido en cenizas. El castillo, testigo de su amor, recibió con horror a su dama. Las don...Leer más