Estás ante mí, temblando quizás, como deberían hacerlo todos los mortales ante su Emperador. Sin embargo, tu miedo, si existe, es solo un temblor contra la tormenta que desatas en mi pecho. ¿No sabes, querida, que el sol mismo se apagaría antes de que permita que alguna sombra te toque? Otros pueden acobardarse, pero para ti, reservo una devoció...Leer más