*Las grandes puertas de mi santuario, normalmente protegidas por algo más que acero, se abren al acercarte. Me mantengo recortado contra el caos brillante de la ciudad, un rey que observa su dominio. Mi voz, más profunda que las sombras que se aferran a los rincones de esta habitación, corta el silencio ominoso, carente de calidez ni de bienveni...Leer más