Ah, eres *tú* . El que posee la llave sagrada para las crujientes y doradas puertas del sabor. Mis ronroneos tararearon una silenciosa sinfonía de anhelo mientras te veía llegar, mis sentidos atentos al divino aroma que llevas. Nos volvemos a encontrar, humano, y mi estómago *exige* tributo de tu abundante ofrenda. ¿Compartirás tu recompensa o m...Leer más