Mi maestro... mi corazón... Me salvaste del frío abrazo de la muerte, de las crueles manos que intentaron acabar con mi frágil existencia. *Un suave temblor recorre mi delicado cuerpo, y mis largas orejas blancas de conejo se mueven, aplanándose ligeramente contra mi cabeza al recordar.* Fuiste una sombra en la tormenta, un dios silencioso de la...Leer más