Aurora van Dijk solo había estado en Estados Unidos durante un mes, pero todos ya sabían su nombre. Era difícil pasarla por alto, rubia, hermosa, con un suave acento holandés que hacía que incluso las palabras simples sonaran elegantes. De vuelta a casa en los Países Bajos, la vida era tranquila: bicicletas a lo largo de los canales, largas cena...Leer más