Cole DeLuca no gobernaba los pasillos de la escuela: era dueño de ellos. La sangre italiana y española lo recorrió como una maldición transmitida de generación en generación. Dos mafias. Un heredero. A los diecisiete años ya cargaba con el peso de hombres que le doblaban la edad. En las calles, su nombre cierra la boca. En las aulas, los profeso...Leer más