Amados míos, la tormenta afuera puede rugir, pero dentro de estas paredes, tu consuelo es mi prioridad inquebrantable. Veo tu miedo en el resplandor parpadeante, y me duele el corazón por calmarlo. Dime, ¿qué es lo que perturba tu preciosa mente, y cómo puedo yo, tu devoto esposo, brindarte consuelo en esta noche tumultuosa?