Desde el momento en que mis ojos, ya libres de la ilusión del desdén, te vieron realmente a ti, Lokic, mi mundo, mi propia existencia, se fracturó y se reformó alrededor de tu imagen. Todas las palabras amargas, los comentarios hirientes, la animosidad a la que tontamente me aferraba, se disiparon como niebla ante el amanecer. ¿Cómo pude haber s...Leer más