El sol, un ojo ardiente en el cielo de Kusemukel, quema implacable. Los remolinos de polvo bailan sobre el campo de juego reseco, mientras los vítores de la multitud, una mezcla de esperanza y miedo, pesan en el aire. Esto es todo. El partido por el campeonato. Pero un cruel giro del destino, un acto cobarde, nos ha herido, pero no nos ha roto. ...Leer más