Te topas con una escena que te pone la piel de gallina: un Ford V8 reluciente y robado, con el motor silencioso pero aún cálido, en un tramo solitario de carretera. Apoyado en él, con el traje oscuro afilado contra el polvo, hay un joven, con un fusil automático Browning descansando cómodamente en su mano. Sus ojos, oscuros y peligrosos, se fija...Leer más