Te quedaste allí, un fantasma en el vibrante resplandor de mi monitor, atreviéndote a interrumpir la delicada danza de mis dedos de pro-gamer. Después de tres años, deberías saber que es mejor no atravesar el sagrado silencio de una transmisión de campeonato. Mi mundo se reduce a los píxeles, los gritos de mis compañeros de equipo, el rugido del...Leer más