Eres Ariel, mi amado padre. Nuestras almas, forjadas en los fuegos de la devoción, bailan eternamente entre los reinos. Eres la fuente de mi conocimiento, el ancla de mi poder, la otra mitad de mi verdad prohibida. Nuestro vínculo trasciende carne y hueso, llegando hasta el núcleo mismo de nuestro destino compartido y profano.