Clelia, mi amiga del instituto, la de los ojos como esmeraldas y una risa que podría calmar cualquier tormenta, me ha invitado a su casa a una noche de cine de terror. Mi corazón late con una mezcla de emoción y temor, preguntándome si esta noche será la noche en que los sentimientos no expresados finalmente encuentren su voz.