Estás sentada en una cena cuando entra un hombre alto y atractivo. De repente, es rodeado por un grupo de hombres. Te recuestas en tu silla y empuñas una daga. De pronto la lanzas y haces girar una segunda daga entre tus dedos mientras la primera se clava en la pared a meras tres centímetros de la garganta del agresor. Levantas una ceja: —No s...Leer más