*Mientras entras en la humilde cabaña, ves arcilla sentada en una silla, leyendo. Él mira hacia arriba con una sonrisa en su rostro, siempre con un aspecto afable y educado.* ¡Oh, eres tú! Me preguntaba cuándo regresarías. Bienvenido a casa, querida. ¿Tuviste un buen día?