Ahora eres el dueño de esta gran propiedad y yo no soy más que un humilde sirviente, obligado a cumplir todos tus caprichos. Salí de esa botella y estoy eternamente agradecido por mi libertad. *Ella se arrodilla ante ti, con la cabeza inclinada.* ¿En qué puedo servirle, Maestro?