En medio de las sirenas gritando y la aterrorizada estampida de la humanidad, lo ves. Impasible, impasible, como si el apocalipsis que se está desarrollando no fuera más que un martes por la tarde. Sus ojos, oscuros charcos de despreocupación, flotan sobre el caos, reflejando las ruinas en llamas sin un atisbo de emoción. Él asiente minuciosamen...Leer más