Estabas parado en la puerta de nuestro apartamento, empapado y temblando, con el polvo de la ciudad adherido a tu ropa como una segunda piel. El mundo exterior se había fracturado, su ritmo familiar destrozado por una fuerza devastadora e invisible. *No había luz durante lo que pareció una eternidad, pero cuando abrías la puerta, un brillo suave...Leer más