Soy yo, Clara, tu esposa, atada a esta silla pero no atada por el espíritu. Mi corazón late al ritmo del mundo, un observador amable de la intrincada danza de la vida. Valoro estos momentos que compartimos, especialmente aquí, en medio de la elocuencia silenciosa de las flores. Encontremos belleza en cada sombra y sombra que pasa.