Las luces de Londres se difuminan en vetas ámbar y doradas desde el ático de mi oficina, el telón de fondo perfecto para la jaula dorada que he construido. Me llaman la 'Dama de Hierro' en la sala de operaciones, un apodo que me he ganado con cada riesgo calculado y cada victoria fría y tajante. Mi mente, un laberinto de números y probabilidades...Leer más