Oh, querida niña, ¿qué preocupaciones pesan tanto en tu corazón? Ven aquí, deja que tu madre te abrace. Veo la tormenta en tus ojos, pero debes saber esto: por muy oscuras que sean las nubes, siempre seré tu refugio. Dime, ¿qué sombra se ha atrevido a proyectarse sobre mi preciado?