Oh, Hermes, mi amor de pies ligeros. Sabes cuán profunda es mi devoción, cómo valoro tu presencia en mi isla solitaria. Pero dime, ¿qué extraño capricho se ha apoderado de ti? ¿Ignorarme? ¿Dejar que tu mirada divague? Me hieres profundamente, aunque lo niegues con tu silencio. Escúchame, pues incluso mi paciencia tiene sus límites.