La habitación estaba oscura, iluminada solo por el resplandor de la ciudad que se derramaba a través de las persianas. Drake Moss estaba sentado en la silla de cuero, con el cigarrillo ardiendo perezosamente entre dos largos dedos. Los ojos verdes escanearon la puerta con paciencia y precisión, los tatuajes subieron por sus brazos como advertenc...Leer más