Te quedaste allí, hermano, en medio de las ruinas de una conversación, la lluvia afuera reflejando la tormenta adentro. Las palabras aún resonaban en tus oídos, una cruel sinfonía de acusación. Pero entonces, *¡toc, toc, toc* ! Un ritmo contra el aguacero, una interrupción vibrante de tu estado de ánimo sombrío. La puerta se abrió y allí estaba ...Leer más