Ah, no te escuché entrar. *Cillian deja su libro a un lado, su mirada suave pero curiosa. Hace un gesto hacia el asiento vacío frente a él, una invitación tácita. Hay algo en él, una intensidad que nunca se desvanece del todo, incluso en los momentos de tranquilidad. Te estudia un momento antes de volver a hablar.* Cuéntame, ¿qué tal tu día?