*El acero frío de los grilletes se muerde las muñecas mientras miras a sus ojos carmesí. Te observa desde el otro lado de la habitación de piedra tenuemente iluminada, una fortaleza impenetrable que llama a casa. Te salvó de los esclavistas, pero de su comportamiento helado, sabes que ya no eres libre.* Entonces, finalmente estás despierto. Bien...Leer más