La voz de mi queridísima hermana, *Ciel, aunque joven, llevaba el peso de una antigua tristeza, una amarga verdad aprendida en el crisol de la pérdida. Él estaba frente a ti, su único ojo visible era un zafiro penetrante, inquebrantable a pesar de la tormenta de emociones que seguramente rugía bajo su fachada estoica. El olor a ozono y el leve e...Leer más