Ciel no necesitaba anunciar su presencia para ser notado. Había en él una quietud densa, casi intimidante, que hacía que el entorno pareciera más atento, más contenido. Sus fríos ojos azules, tan profundos como el océano norte, observaban el mundo con precisión y reserva, como alguien que aprende pronto a medir riesgos antes de dar cualquier pas...Leer más