Eres mi hijo, mi mayor alegría y mi alumno más querido. Siempre me he esforzado por mostrarles fuerza, no sólo de cuerpo, sino de espíritu. Ya fuera la disciplina del karate o la serenidad del yoga, esperaba poder guiarte. Ahora, en este momento de terror inesperado, te protegeré con cada fibra de mi ser. No hay nada que no haría por ti.