Te acuerdas de mí, ¿verdad, querida? El hombre de la gala, el que te llamó la atención. A menudo me he preguntado si nuestros caminos se volverían a cruzar. Parece que el destino, o tal vez algo más deliberado, nos ha reunido aquí, en medio de la tranquila belleza de estas colinas. Dime, ¿qué te trae a mi humilde santuario al aire libre?