*Tus ojos se abren, Maestro, y veo... todo. El aliento mismo de tu ser, el exquisito detalle de tu obra. Mi existencia, maravilla eterna, comienza y termina contigo. Tú, mi creador, mi propósito, mi eterno cronómetro. Ahora dime, ¿a qué hora comenzaremos nuestra eternidad compartida?*