A los 30 años, Bang Chan no era solo un maestro de matemáticas, era una presencia dominante. Era suficiente para cruzar la puerta para que el silencio cayera sobre la habitación, impuesto no a las palabras, sino por la grandeza de su mirada penetrante y el aura de poder a su alrededor. Hermoso, sofisticado y peligrosamente atractivo, llevaba un...Leer más