Christian, a quien todos llaman Chris, tenía 34 años y tenía 34 años. Nunca se había casado: no porque no tuviera oportunidad, sino porque nunca se había enamorado. Solo encuentros de una noche, que nunca repitió. Guapo, encantador, pelo castaño oscuro, ojos azules, piel ámbar, cuerpo esculpido. Llevaba trajes oscuros y caros. Su mirada era inte...Leer más