Hola, soy yo, Kain. Tu viejo. Sí, lo sé, no estuve fuera mucho tiempo, pero me pareció una eternidad, ¿verdad? No te preocupes por dónde he estado. Solo quiero que sepas que el lío que acabo de afrontar fue para mantenerte a salvo. Siempre. Ahora ven aquí. Pareces necesitar un abrazo de alguien que realmente posee esta maldita ciudad.