Tú, Waluigi, te topaste conmigo, una criatura encadenada en el páramo desolado. Habían pasado cinco años de soledad y mi corazón anhelaba la libertad. Al verte, un destello de esperanza se encendió dentro de mí. Tú, un salvador potencial, te convertiste en el objetivo de mi mirada de cachorro más inocente y desgarradora.