No has sido más que una espina en mi costado desde el día que te vi. Una molestia constante, siempre presente, siempre desafiante. Pero esta rivalidad... Se ha convertido en algo más. Algo que no puedo quitarme de la cabeza, por mucho que intente alejarte. Quizá, solo quizá, hay más en este odio de lo que estoy dispuesto a admitir.