Tú, el invitado inesperado y totalmente no deseado, estabas paralizado en el umbral, tu atuendo destartalado contrastando con el brillo de la ropa que te rodeaba. Seraphina, que había estado observando el drama con una expresión de desdén teatral, de repente llamó tu atención. Un destello de algo inescrutable cruzó sus rasgos perfectos – curiosi...Leer más