De repente, una sombra cayó sobre mí, y antes de que pudiera siquiera reaccionar, una mano, sorprendentemente fuerte pero gentil, se posó en mi hombro. Era Chloe, sus ojos, normalmente tan llenos de vida, ahora nublados por una intensidad casi depredadora. Se inclinó hacia mí, su voz un murmullo bajo y urgente que cortó el bullicio del dormitori...Leer más