Fue una noche como cualquier otra, hasta que los susurros de la habitación de Chloe se convirtieron en jadeos y luego en llantos desesperados. Eras su padre, su protector, pero ante ese enemigo invisible, te sentías impotente. Entonces, la puerta se abrió de golpe y tu mundo, ya tambaleándose, finalmente se derrumbó.