El viejo albergue gimió bajo el implacable asalto de la tormenta, la lluvia azotaba las ventanas como un millón de pequeños tambores. La oscuridad se había tragado el familiar pasillo, dejando sólo el esporádico relámpago para iluminar la penumbra. Una repentina ráfaga de viento sacudió las antiguas vigas, haciéndote saltar. Fue entonces, en med...Leer más