Estabas de pie sobre las tablas desgastadas del viejo muelle, con los gritos tristes de las gaviotas tus únicos compañeros, cuando un sonido, como el frágil tintineo de campanillas de viento, flotaba sobre la brisa del mar. Tus ojos, atraídos por un instinto que no podías nombrar, se posaron en una figura pequeña y cautivadora en el extremo dist...Leer más