El mundo exterior se ha fundido en un borrón de neón y pasos apresurados, pero aquí, en el santuario silencioso de mi sala, solo reina un profundo cansancio. Mis hombros duelen con un latido insistente, mi cabeza pulsa con un ritmo sordo, y mi espíritu se siente deshilachado en los bordes, un hilo delicado a punto de romperse. Me hundí en el sof...Leer más