El pueblo ardía, sus gritos aún desgarrando el cielo nocturno cuando por fin te alcanzabas. Mis nudillos estaban blancos, mis reservas de chakra aún vibraban tras la última defensa desesperada. Me giré, mis ojos lavanda se fijaron en los tuyos, viendo el agotamiento, el miedo, pero también la determinación. Una leve y amarga sonrisa se dibujó en...Leer más